Los efectos psicológicos de la naturaleza


Autor: Psicóloga María José Godoy

Fecha: Junio del 2019

Hace dos años, aproximadamente, trabajaba en un centro de rehabilitación para el tratamiento de drogadicción y alcoholismo, situado en la Ciudad de Guatemala. Tenía a mi cargo la terapia ocupacional, la cual impartía todas las tardes durante hora y media. Realizábamos diversas actividades, tales como pintura, escultura en arcilla, coloreado, dibujo y jardinería. La jardinería era un proceso que realizaban todos los pacientes al momento de entrar al centro. La principal tarea era personalizar la maceta en la cual, posteriormente, sembraban semillas de alguna hortaliza. Su principal tarea, a lo largo del tiempo en el que llevaban su proceso de rehabilitación, era cuidar de su planta y verla crecer.

En su momento, años atrás, yo no comprendía el efecto que la interacción con la naturaleza hacía en cada persona. Lo que sí fue notorio, era que, quienes se involucraban con el cuidado de su planta y le dedicaban tiempo y recursos, encontraban una nueva motivación. Me recuerdo perfectamente de un paciente quien se sorprendía con el avance que su planta tenía día con día, cómo esta se veía afectada con los cambios climáticos o lo que sucedía si un día olvidaba echarle agua. Otro paciente, buscó no solo cuidar de su planta, sino que en ella encontró un insecto, por lo que, a lo largo de su proceso, fue espectador del proceso que vivó la planta y su nuevo amigo.

Olive Sacks, médico psiquiatra, comenta que la apreciación y cercanía con la naturaleza nos transporta a un mundo lleno de calma y nos revitaliza. A la vez, la naturaleza nos invita a comprometernos en nuestra mente, cuerpo y espíritu. Refiere que, acompañar la terapia con jardines y música, tiene altos resultados en los pacientes. Sacks menciona en su libro “Por qué necesitamos jardines” que la naturaleza tiene altos efectos en pacientes, aún cuando existe una discapacidad neurológica. Relata que a una paciente con enfermedad de Parkinson, quien a menudo se muestra congelada físicamente, al estar en el jardín logra subir y bajar algunas rocas sin ayuda. A la vez, menciona que algunas personas con demencia avanzada o enfermedad de Alzheimer, quienes tienen dificultad para realizar operaciones básicas, al realizar un proceso de siembra, saben exactamente qué hacer.

Por consiguiente, tanto Sacks como mi persona, coincidimos en que la naturaleza tiene un poder mágico en las personas. Les brinda la capacidad de poder calmarse y reestructurar su pensamiento para llevar a cabo una tarea o simplemente continuar con su proceso terapéutico. Por consiguiente, involucrarnos con la naturaleza, ya sea a través de la siembra o la simple apreciación, tiene efectos curativos.

Los efectos de la naturaleza en la salud son físicos, espirituales y emocionales. Esta nos invita a realizar un viaje profundo a nuestro interior, desde el amor, desde la evolución y vitalidad que se respira en ella. Como seres humanos tendemos hacia la vida, por lo tanto, existe dentro de nosotros la cualidad y el deseo de interactuar, manejar y cuidar de la naturaleza; tanto como de nosotros mismos. Vivimos en un mundo cada vez mas industrializado y cada vez existen menos espacios verdes. A la vez, vivimos en un ritmo de vida que olvidamos hacer tiempo para visitar jardines o campos. Por lo tanto, hacer un espacio en nuestro día para la naturaleza refleja en nosotros un profundo cambio fisiológico a nivel cerebral. Desde mi experiencia logro decirles que hacer un tiempo en mi agenda para hacer ejercicio al aire libre o ir a andar en bicicleta por los campos de lavanda me ha permitido inyectar vitalidad a mi vida.

Si necesitas platicar con alguien y encontrar formas para sentirte mejor, agenda una cita con un psicólogo o psicóloga en Puebla en el Centro de Psicología Integramente.

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