El suicidio (parte 1)


Autor: Psicóloga Patricia Avilez

Fecha: Agosto del 2020

El suicidio un acto que no falla, sin embargo, la vida, tiene falla, incongruencias, de satisfacción parcial, de felicidad momentánea, de no tenerlo todo.

 
La Organización Mundial de la Salud, menciona en el año de 1990 al suicidio como la quinta causa de muerte entre personas de 15 y 44 años para el 2001 se estima que más de 500.000 personas se habían suicidado y para el presente año 2020 podría ascender a 1,5 millones de personas, socialmente es visto como un problema de salud pública siendo un reto para los gobiernos de los diferentes países, afrontando una paradoja entre más recursos invertidos mayor el numero de suicidios. Mientras se dice que la pobreza, el nivel de estudios, la edad y el desarrollo económico son factores que apuntalan los actos suicidas, estos tienen cierta variabilidad, siendo los jóvenes y niños quien viven la mayor incidencia, al igual que los países industrializados o en vías de desarrollo.

El suicidio deja rastro de enigma ¿Por qué lo hizo? ¿Estaba tan bien? preguntas enigmáticas muchas de las veces sin respuesta, solo el acto habla, deja algo de lo no dicho por la persona, confronta y afronta a la familia, lo social, al sistema le da un portazo de frente y a la cara.

Las tres obras prínceps de Freud como son El chiste y su relación con el inconsciente, La interpretación de los sueños y Psicopatología de la vida cotidiana en esta última menciona: ““Es sabido que en casos graves de psiconeurosis suelen aparecer, como síntomas patológicos, unas lesiones auto inferidas, y nunca se puede excluir que un suicidio sea el desenlace de conflictos psíquicos” ¿Por qué alguien se haría daño? 

Trataremos más adelante de plantear un camino sin ser este el único, cada historia merece su propia escucha en la clínica, prosigue Freud “muchos daños en apariencia casuales sufridos por estos enfermos son en verdad lesiones que ellos mismos se infligieron. Hay en permanente acecho una tendencia a la autopunición, que de ordinario se exterioriza como autoreproches, o presta su aporte a la formación de síntomas” los sentimientos de culpa, pero no consciente, un autocastigo que deviene hacia el yo. Un gran juez que juzga, castiga y condena.

Las cartas de despedida que en ocasiones deja la persona, son llamados para alguien, para algo que no llega, que no responde, que falla, como lo es el amor, presencia reclamada, ausencia doliente, dentro del psicoanálisis Jacques Lacan menciona acting out vayamos al diccionario Introdructorio de psicoanálisis lacaniano de Dylan Evans: el acting out “se produce cuando la negativa del Otro a escuchar se ha vuelto sordo, el sujeto no puede transmitirle un mensaje en palabras y se ve obligado a expresarlo en acto. 

De modo acting out es un mensaje cifrado que el sujeto dirige a otro” Las cartas, mensajes, ideas suicidas son intentos de apalabrar lo imposible, palabras sin eco y oídos sordos, de la obra de José Saramago “Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran” la mirada negada, la palabra ausente, solo queda el acto, puesta en escena donde la persona alcanza un nombre, un lugar aun a costa de su vida.

Las ideas suicidas, los intentos guardan importancia, como familia hay que poner atención porque algo se esta diciendo, alguna de las veces de forma consciente otras tantas azarosamente inconsciente, podemos ayudarte, contacta a un psicólogo o psicóloga de nuestro equipo de psicoterapeutas, para agendar una sesión online o presencial.

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BILBIOGRAFÍA
Evans, Dylan. Diccionario introductorio de psicoanálisis lacaniano. Paidós. Buenos Aires, 2005, p 29
Lacan, Jacques. Seminario 10, La angustia. Paidós. Buenos Aires, 2009, p 136
Freud, Sigmund. Psicopatología de la vida cotidiana. En Obras completas, Tomo VI, Amorrortu, Buenos Aires, 1980, p. 175
Bello, Antonio. Ficciones sobre la muerte. Ed. Escuela Libre de Psicología. Puebla, México. 2006



¿Mi hijo es preadolescente? ¿Qué hacer?

De los 9 a los 12 años la personalidad del niño está más definida; su pensamiento está más organizado y busca explicaciones lógicas para entender el mundo que lo rodea, demuestra menos admiración a sus padres y más sentido crítico, llegando incluso a rebelarse; es más sensible a los sentimientos de otros. Entre más preparados estén los padres a estos cambios, se podrá atravesar esta etapa (de cuarto a sexto de primaria) con mejor comunicación, comprensión y cercanía afectiva.