El acto del perdón es un acto gratuito (segunda parte)


Autor: Psicóloga Patricia Aviléz

Fecha: Julio del 2019

Antes de seguir leyendo, echa un ojo a la primera parte

Ir más allá del dolor y sus efectos es atravesar un terreno empedrado, encontrarse con los deseos de venganza, resentimientos y ciertas identificaciones, de lo que hablaremos más adelante, situación que no todos desean hacerlo, por eso hablar del perdón como un mandato social, moral y religioso, no cabe ni da, con las buenas intenciones y ganas, implica elaborar psíquicamente para dar cuenta, que lugar se jugaba en la escena. El perdón nos faculta hablar del pasado, desde otro lugar, sin negar, reprimir, compensar el hecho, siendo un acto, que rompa con el despliegue sadomasoquista-perverso.

Apalabrar el hecho, llevarlo a un análisis, hace que se mude hacia otro lugar, cambiamos nuestro pasado al variar nuestra forma de narrarlos, esto se logra en un proceso terapéutico, ya que va más allá de solo platicarlo, es darle cuerpo al hecho, lugar, darnos un lugar en el hecho en la escena vivida, para dar cuenta que papel jugamos en la escena, acallar la voz que reclama, para transitar por otros rumbos. Comprender está alejando de exonerar la responsabilidad de los actos, comprender no justifica, ni otorga impunidad, hay que tener cuidado de no caer en psicologismo, tan popularmente leídos y escuchados en tardes de café.

En la relación de víctima y victimario, existen identificaciones y desidentificaciones una semejanza con su verdugo, no es tarea fácil dar cuenta de eso, en un análisis o terapia ofrece la posibilidad de ubicar ciertos rasgos, para ir gradualmente aceptando que en ambos existe humanidad, algo que los une y acompaña en esta escena. Aceptar que ambos disponen de esa humanidad, de amar y odiar, en ocasiones, viene dada por el descubrimiento en la víctima de fantasías de violencia y sadismo vengativo hacia el ofensor, ubicar que la víctima también es capaz de ejercer violencia hacia otros, hacia ella.

El ofensor tiene una venganza guarda imaginada, hablada o escondida, como decía Terancio (1991) Soy humano y nada de lo humano me es ajeno, ni el odio, el rencor, el amor y venganza.

Las consecuencias de una agresión dejan secuela, una de tantas es la posibilidad de dar-otorgar, paradójicamente el perdón es otorgar, y reconciliar, vivir una agresión, provoca un cambio en la forma con las que se relaciona la persona con el mundo, con los demás dejando posiciones de no esperar nada bueno de los demás de la vida, iniciándose una dinámica de constantes perdidas, agresiones, yendo por una repetición, escenificada con otros personajes pero con esencia de agresión. En una agresión se vive humillación y vergüenza una indefensión, miedo que paraliza, generando una herida narcisista:

"No soy lo fuerte, valiente, etc. como desearía ser y verme, sino que me he sometido pasivamente y vergonzosamente a los deseos y voluntad del agresor de la situación” la vergüenza alimenta la imposibilidad de apalabrar, coagulando la vida psíquica del agredido, el resentimiento se alimenta de odio, confirma que la vida, los demás agreden, engañan, un discurso universal: “Todos engañan, todos agreden” ¿Todos, o los que has elegido? 

Anclarte en el pasado es garantía de repetición y de encallar la vida psíquica, anulando un presente diferente.

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