Abuso sexual infantil


Autor: Yolanda Fajardo Ponce

Fecha: Mayo del 2017

El Congreso de la Unión, para concientizar, instituyó el 19 de noviembre, día contra el abuso sexual infantil, pues México ocupa el primer lugar mundial en abuso sexual infantil (OCDE).

“4.5 millones de niños menores de 14 años son víctimas de abuso sexual infantil y otros abusos de violencia; lo más alarmante es que sólo 2% de los casos son conocidos”. El 90% de los niños no hablan de lo que les está pasando.

Cuando un niño es abusado sexualmente, generalmente no lo expresa con palabras, es un tipo de violencia que ocurre en secreto extremo.

Los factores más importantes que contribuyen a que el niño calle son:

  • Una amenaza del abusador de que si lo cuenta va a sufrir diversas consecuencias muy negativas
  • El abusador maneja un convencimiento de que el niño ha sido parte activa y responsable del abuso sufrido
  • El abusador, en su mayoría tiene una relación familiar con el niño (mayores ocasiones de poder iniciar y mantener el abuso)
  • El menor si conoce al ofensor, muestra sentimientos positivos hacia éste

Además de los factores que contribuyen a que el niño calle, existen mitos acerca del abuso sexual infantil: Algunos de los más importantes son:

  • El abuso sexual infantil es un tipo de violencia menos grave que la violencia física (realidad: deja huellas muy dolorosas que pueden durar a través de toda la vida)
  • Solamente se da en las clases marginadas (realidad: se da en todas las clases sociales)
  • Es poco frecuente (realidad: es más frecuente de lo que uno se imagina)
  • El abusador es una persona “mala” (realidad: si es un pariente, existe una dualidad, pues manifiesta al niño comportamientos buenos)
  • Los abusadores son personas ajenas a los familiares (realidad: la mayoría de los abusos son realizados por familiares del niño, generalmente muy cercanos)
  • Si el niño es abusado, con certeza se lo dirá a sus papás (realidad: el 90% de los niños mantiene el secreto)
  • Los niños imaginan mucho y mienten (realidad: cuando por fin se anima a contarlo, hay que creerle, apoyarlo a relatar mediante juegos lo sucedido, a entender sus sentimientos y a buscar ayuda con un psicólogo infantil). A muchos niños no se les cree, por temores propios, miedos a las consecuencias familiares, posibles rupturas, etc.
  • Como el niño muestra sentimientos positivos hacia el abusador, entonces no es cierto que haya habido abuso (realidad: el niño se encuentra confundido, si es un familiar, lo quiere, por los actos buenos que tiene hacia él, aunque sabe que no le gusta cuando lo abusa)

Afortunadamente, si el menor no cuenta lo que le está pasando con palabras, sí lo expresa con ciertos comportamientos a los que debemos estar muy atentos.

Estos comportamientos varían de acuerdo a la edad del niño; al vínculo que tiene con el abusador; a la presencia de violencia o no durante el abuso; a la actitud del padre o madre protector; a la existencia de otros problemas familiares (alcoholismo, violencia conyugal, enfermedades psiquiátricas, etc); al número de ofensores sexuales; al tiempo que haya durado el abuso.

A corto plazo, algunos comportamientos que puede tener el niño son:

  • Pesadillas
  • Dejar de comer o comer en exceso
  • Volver a usar pañal
  • Cutting (auto-lesionarse)
  • Bajar en calificaciones
  • Hiperactividad
  • Presentar miedos, temores y ansiedad
  • Ánimo decaído
  • Infecciones y heridas genitales
  • Comportamiento sexual precoz e impropio para la edad
  • Retraimiento social
  • Agresividad

A largo plazo, algunos comportamientos que puede tener la persona víctima de abuso son:

  • Dolores crónicos generales
  • Hipocondría
  • Problemas gastrointestinales
  • Pesadillas frecuentes
  • Problemas de la conducta alimenticia
  • Confusión de identidad
  • Disfunciones sexuales
  • Ansiedad, depresión
  • Baja autoestima
  • Dificultad para expresar sentimientos
  • Dificultades en las relaciones sociales
  • Dificultades de vinculación afectiva con los hijos

Suzanne Sgroi describe el abuso sexual en etapas bien diferenciadas (Sgroi, 1982):

  1. Fase de preparación. Se da por el vínculo de confianza –y muchas veces de cariño- del niño con el abusador.
  2. Fase de interacción sexual. Contacto con el cuerpo del niño, a través de diferentes conductas sexuales.
  3. Fase de develamiento (secreto). Ayuda a mantener el equilibrio familiar y favorece al abusador de las consecuencias de sus acciones.
  4. Fase de reacción al develamiento (secreto). Crisis familiar con diferentes grados de intensidad y modos de afrontamiento, según sea el caso.

Cuando el abuso no se detecta y no se trata, tiene como consecuencia un gran dolor que se manifiesta con muchos comportamientos dañinos para la persona. Las víctimas pueden presentarlos toda su vida, como una forma de protegerse y afrontar lo que les sucedió.

Cuando el abuso se detecta, entre menor sea el niño y entre menos abusos hayan ocurrido, las secuelas pueden ser mínimas y en algunos casos nulas, permitiéndole desarrollar una vida con normalidad.

Las secuelas serán más perturbadoras, entre más se demore el trabajo familiar y terapéutico sobre el abuso.

Se puede prevenir en un 50% si a los niños desde muy pequeños, les enseñamos conceptos importantísimos como desarrollar su capacidad de autoconocimiento; distinguir lo que sienten para sí mismos como bueno o malo; identificar la parte de responsabilidad que ellos tienen en una situación dada.

Al enséñales estos conceptos, podrán tener una buena autoestima y evitaremos sentimientos de culpa, frecuentes en los casos de abuso de todo tipo.

Si deseas conocer más sobre el abuso sexual en menores, saber sobre qué debemos hacer cuando un niño ha sido abusado sexualmente y saber estrategias para prevenir el abuso sexual infantil, contacta a nuestro psicólogo infantil Puebla, en el Centro de Psicología Integramente.


Agenda: 22.27.66.46.94


Bibliografía: Besten, Beate. Abusos sexuales en los niños. Barcelona: Herder 1997. Finkelhor, David. Abuso sexual al menor.  Editorial Pax-México. México 1987. Sgroi, S., F. Porter y L. Blick (1982), “Validation of child sexual abuse”, en S. Sgroi (ed.), Handbook of clinical intervention in child sexual abuse, Lexington: Lexington Books.



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